Silencio y temor dominan el Tianguis Limonero de Apatzingán tras el asesinato de su líder, Bernardo Bravo

Se reúnen limoneros para estabilizar el precio del limón Se reúnen limoneros para estabilizar el precio del limón

América Juárez Navarro

Apatzingán, Mich., 22 de octubre de 2025.—A unos días del asesinato de Bernardo Bravo Manríquez, dirigente del sector limonero en Apatzingán, el **Tianguis Limonero que por años fue símbolo de trabajo y prosperidad en Tierra Caliente luce hoy casi vacío, rodeado de un ambiente de miedo y desolación.

A la entrada, una manta con la leyenda “Limoneros en crisis” resume el sentimiento que impera entre los productores. Las oficinas donde despachaba Bravo permanecen abiertas “porque así lo hubiera querido Bernardo”, comentan sus compañeros, que buscan mantener viva su memoria entre la incertidumbre.

El silencio predomina. Los pocos productores que se atreven a acudir evitan las cámaras, las grabadoras y cualquier pregunta. Nadie quiere ser identificado. La desconfianza se ha convertido en una regla no escrita.

Aunque algunos atribuyen la baja afluencia al desfile cívico por la conmemoración de la Constitución de Apatzingán, la mayoría reconoce que el verdadero motivo es el miedo. La violencia, dicen, ha paralizado la venta y el traslado del limón.

En los accesos, elementos de la Guardia Civil y del Ejército Mexicano mantienen un resguardo constante. Revisan vehículos, controlan entradas y observan desde la distancia el ir y venir de los pocos que se atreven a llegar.

“El tianguis no se puede cerrar, aquí empezó todo. Bernardo siempre decía que había que resistir”, comenta uno de los trabajadores, sin querer dar su nombre.

El lugar que alguna vez concentró toneladas de cítricos y el movimiento económico de toda la región hoy refleja una profunda crisis económica y social. En semanas recientes, los productores denunciaron la caída del precio del limón y los cobros de piso que golpean al sector. Bernardo Bravo lo había advertido públicamente.

Hoy, el Tianguis Limonero de Apatzingán sobrevive entre la vigilancia militar, el silencio y el vacío que dejó la muerte de su líder.