ESPEJO DE LA CALLE   VIOLENCIA PROVOCADA

Los humanos hemos viajado con un ingrediente de violencia  como parte de nuestra vida.

 

Luchamos contra adversarios internos y externos en una guerra sin fin: Contra las enfermedades, los miedos, el odio; luchamos contra hombres y mujeres que piensan y actúan distinto, que nos desplazan, que pretenden apropiarse de lo nuestro o simplemente nos violentamos porque nos vemos feo.

 

Lo que ahora estamos viviendo en nuestro país es un ejemplo de violencia provocada a propósito por un presidente confrontador, divisionista compulsivo, que ha creado bandos enemigos rumbo a un enfrentamiento civil.

 

En los diez sexenios anteriores no habíamos padecido algo semejante. Ahora con un instigador diabólico, nos suministran elevadas dosis de violencia desde el gobierno; violencia desde los grupos criminales; violencia entre quienes no son de un mismo signo partidista.

 

Sufrimos violencia concretada en desapariciones, en asesinatos, en robos y en una atmósfera de inseguridad personal  en ciudades y pueblos, en el campo, en las carreteras e inclusive en las familias. Violencia provocada a propósito a diestra y siniestra.

 

En México, los habitantes hemos perdido la frágil tranquilidad pública por causa de  quien debería garantizar la convivencia armónica, el presidente del país.

 

Caímos desde 2018 en malas manos con lamentables, crueles resultados para decenas de miles de familias. El creciente número de homicidios dolosos, superior al de sexenios anteriores, habla por sí mismo.

 

Millones de ciudadanos se ilusionaron con la visión de un cambio social y votaron por él. Una tercera parte del padrón electoral mexicano llevó a la silla presidencial a quien actualmente está eliminando las instituciones con miras a establecer  un control absoluto del poder de la República.

 

El ejemplo más reciente es el INE que ahora camina con muletas y los constantes ataques al poder judicial para someterlo.

 

Llega el tiempo de reconsiderar este fatídico resbalón  democrático que ha costado sangre, dolor y lágrimas. Llega el tiempo de mitigar la violencia institucionalizada e impulsar los cambios necesarios para vivir y progresar en paz.

 

La solución está en el voto de dos terceras partes del padrón electoral que supera los 90 millones de afiliados.

 

Repensar a quién vamos a elegir por el bien y el crecimiento en orden de este México de todos. Alguien que reduzca y controle  nuestra  hoy estimulada actitud violenta.

 

Estamos frente a la oportunidad de elegir a un pacifista, a un dirigente que incluya las diversas corrientes ideológicas y los diferentes legítimos intereses de los grupos sociales que hay en el país.

 

Llegó el momento de la reflexión y de la participación ciudadana colocando a México y a la familia en el centro de mis consideraciones.

 

A propósito escuché a Xóchitl Gálvez una luchadora de éxito en todo lo que hace desde su modesta cuna familiar. Si andamos en la búsqueda de un liderazgo honesto, preparado, experimentado, Xóchitl es una líder de magnitud 10. Le hablaré de ella en mi siguiente comentario.

 

 

JAIME ALEJO CASTILLO

 

 

 

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